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Los arqueros del Gualaceo SC cuentan con la experiencia del gualaquicense Diego Idrovo

Detrás de la preparación de arqueros del Gualaceo SC está la experiencia de Diego Idrovo, próximo a cumplir 39 años. Nació en Gualaquiza, provincia de Morona Santiago, pero se radicó en Cuenca a muy corta edad.

Desde que recuerda siempre tuvo afinidad con el balón de fútbol y sentía una atracción bastante fuerte por el arco. Fue seleccionado de la Unidad Educativa Hermano Miguel De La Salle y estuvo en las formativas del Deportivo Cuenca.

Su sueño era atajar en un equipo profesional, no obstante, cuando terminó el colegio se vio entre la espada y la pared. “Tenía un padre muy fuerte de carácter”, recuerda. Un día le puso las cartas sobre la mesa.

“Si quieres ser futbolista, listo mijo, vaya donde usted desee, le deseamos suerte, le apoyaremos de ladito, pero verá cómo se mantiene. Si va a estudiar, aquí estamos nosotros para apoyarle económicamente”.

Luego de un tiempo de análisis decidió estudiar Cultura Física y buscó espacio en clubes de Segunda Categoría. Liga de Cuenca y Estudiantes le abrieron las puertas. No poder jugar profesionalmente hizo que replanteara el sueño que tenía de chico y empezó a prepararse para ser formador de arqueros.

En el Expreso Austral trabajó con Carlos “Campeche” Campoverde a quien luego le tomó la posta. Entrenó a niños desde los cuatro años hasta la sub 20. Con el paso del tiempo observaba con satisfacción como su sueño de niño empezaba a cumplirse con jóvenes talentos como Ángel Mosquera, Hamilton Piedra y Brian Heras.

Su trabajo silencioso tuvo su recompensa cuando formó parte de los cuerpos técnicos de Richard Páez y Álex Aguinaga. También acompañó a Pablo Bravo en Olmedo cuando estaba en la Primera B. En 2019 se vinculó al Gualaceo SC con el que tuvo la dicha de ascender a la Primera A en 2021.

Idrovo es padre de dos niños y en sus tiempos libres le gusta disfrutar la tranquilidad que genera el campo. Aprovecha para visitar su tierra natal y distraerse con los animales en la propiedad de sus padres.

Fuente: El Mercurio